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martes, 23 de febrero de 2016

BICENTENARIO DEL SACRIFICIO DE LOS MÁRTIRES ZIPAQUIREÑOS



INICIO DE ACTIVIDADES

El próximo viernes 4 de marzo a las 6:00 de la tarde en la sede de la Academia de Historia de Cundinamarca  (carrera 9ª No. 7-79 Zipaquirá), llevaremos a cabo el inicio de las actividades a desarrollar en este año 2016 con ocasión del Bicentenario del Sacrificio de nuestros Mártires Zipaquireños, señores: Agustín Zapata, José Luis Gómez, Juan Nepomuceno Quiguarana, José María Riaño Cortés, Francisco Carate y Luis Sarache.  

Por parte del Centro de Historia de Zipaquirá, se dedicará el tradicional espacio cultural denominado “Cátedra de Zipaquirá”, para adelantar varios conversatorios y conferencias relacionadas con la presencia e influencia en los aspectos sociales, económicos, políticos y culturales de Zipaquirá en la Independencia Nacional.

A la fecha contamos con el apoyo de entidades del sector nacional de carácter público y privado, a fin de promover una conmemoración y actividades que dejen huella, en este año del Bicentenario de nuestros Mártires, actividades que serán dirigidas en especial a las nuevas generaciones para reavivar y mantener vigente en ellas, la identidad histórica y cultural de Zipaquirá.

A través de este  medio de comunicación estaremos anunciando las diferentes actividades y además compartiendo artículos e investigaciones históricas realizadas por los señores integrantes del Centro de Historia de Zipaquirá y otros autores relacionadas con esta significativa efeméride.  




lunes, 22 de febrero de 2016

PERIODISMO ZIPAQUIREÑO


LA PRENSA ESCRITA EN ZIPAQUIRÁ

PRIMERA ENTREGA
SIGLO XIX.

La prensa escrita zipaquireña, nace en el año de 1863 con ocasión de la designación de la ciudad de Zipaquirá como capital del Estado Soberano de Cundinamarca. Al instalarse el gobierno central en la ciudad de la sal, igualmente es trasladada su imprenta la cual había sido adquirida en septiembre del año 1861 por valor de diez mil pesos ($ 10.000) en billetes de tesorería, en esta imprenta se editaba “El Cundinamarqués – periódico oficial y órgano de los intereses del Estado”, cuyo número 108 apareció el 13 de agosto de 1863 publicado en la ciudad de Zipaquirá, las ediciones realizadas en nuestra ciudad sólo alcanzaron hasta el número 121 de 30 de enero de 1864, ya que nuevamente se produjo un cambio de capital del Estado Soberano, la cual fue instalada en Chapinero[1].

A la par con el nacimiento de la prensa escrita oficial, surgió en Zipaquirá el periodismo particular, con la fundación en agosto de 1863, del periódico “El Pueblo”, dirigido por Lino Ruiz,  semanario que se editaba en la imprenta del Estado Soberano de Cundinamarca y del cual sólo se produjeron hasta el mes de diciembre del 63,  once números.


Archivo Centro de Historia de Zipaquirá

Catorce años después de publicada la última edición en Zipaquirá, tanto de “El Cundinamarqués” como de “El Pueblo”, resurge su prensa escrita con la creación de la “Revista Municipal – órgano oficial de los intereses de los Distritos”, periódico de carácter oficial cuyo primer número apareció el 15 de agosto de 1877 y del cual se alcanzaron a publicar 173 números, esta publicación terminó  al constituirse la República de Colombia – 1886 - y desaparecer el Estado Soberano de Cundinamarca[2]. Así mismo debe recordarse que durante un lapso de casi un año la Revista Municipal fue sustituida por el periódico “Anales de Zipaquirá”,  cuyo nombre se asignó mediante Acuerdo No. 2 de 5 de abril de 1881 expedido por la Municipalidad del Distrito de Zipaquirá[3], arrancando con nueva numeración de ediciones, de las cuales produjo un total de 13 hasta el mes de noviembre del mismo año 1881 cuando retornó el tradicional periódico oficial “Revista Municipal”.

Archivo Centro de Historia de Zipaquirá

Hacía finales del siglo XIX, se radicó en Zipaquirá, Don Ángel María Aranza, quien instaló su papelería y tipografía en el local marcado con el número 148 en la acera occidental de la plaza principal y a la par fundó uno de los periódicos particulares más importantes en la historia del municipio “El Estudio, periódico literario, industrial, noticioso y de variedades y avisos”, cuyo primer número apareció el 31 de mayo de 1894 y que en su editorial el cual tituló “Cuatro Palabras”, manifestó:

“El periodismo previene á la vez que corrige; entretiene á la par que ilustra; si la sociedad sufre el periodismo la acompaña, y si va errada el periodismo se lamente. He aquí el asunto. En Zipaquirá, ciudad llamada desde luego á desempeñar papel importante en la vida futura de nuestra patria, tenemos un público sensato e ilustrado que desea con ansia vivísima el adelanto material, intelectual y moral de ella[4]…”.

La gran importancia del periódico “El Estudio”, radica en el hecho de haber nacido en dicha tribuna periodística, la historiografía zipaquireña, al publicar don Luis Orjuela sus primeros escritos sobre la historia del municipio, los cuales denominó, “Noticia sobre Zipaquirá – escrita para memoria de los hijos del lugar”.

El Estudio, tuvo vigencia por espacio de dos años y alcanzó un total de 54 números, en un inicio se publicaba los días 10, 20 y 30 o 31 de cada mes, luego pasó a publicarse sólo los días viernes, la suscripción a una serie de 24 números, costaba cincuenta centavos $ 0.50 y el número suelto dos centavos y medio 0.2.1/2.  

El periodismo político en Zipaquirá surge en el año de 1896 con el primer número en el mes de marzo de “El Elector – Órgano del Comité Electoral Liberal de la Provincia de Zipaquirá”, cuyo redactor principal fue el señor José Joaquín Gaitán y se editaba en su propia imprenta[5], si bien sólo se conocen tres entregas del periódico en el mismo se avizoraban ya las diferencias y conflictos políticos que desencadenaron posteriormente en la llamada “Guerra de los Mil Días”.

Archivo Centro de Historia de Zipaquirá

En el año de 1897 nace “El Vocero”,  periódico dirigido por Aurelio Carvajal R., en un principio se imprimió en tamaño pequeño de 24.7 centímetros de alto por 17 centímetros de ancho, en su segundo  año  - 1898 - amplió su formato al 34.5 centímetros de alto por 25 centímetros de ancho, su edición se producía en la imprenta de don Ángel María Aranza y se publicó hasta el número 23 de agosto de 1899. Sus oficinas se situaron en la plaza principal, acera sur, número 74 y se publicaba dos veces al mes, la gran mayoría de sus artículos se relacionaban con temas jurídicos.  

Archivo Centro de Historia de Zipaquirá


Archivo Centro de Historia de Zipaquirá
De finales del siglo XIX, igualmente podemos mencionar periódicos de importancia como “El Zipa” publicado en 1893 y cuyos redactores fueron los señores Tiberio C. Rubio y Aurelio Carvajal R., el cual se constituyó en un periódico de variedades[6] y “La Alondra”, periódico producido por los alumnos del Colegio San Luis, durante la rectoría de José Joaquín Casas el cual apareció el 21 de junio de 1899 y terminó el 15 de octubre de 1899, su edición era semanal, fue su director Pedro María Ortega y administrador Alberto Corradine Varela[7], siendo el segundo y más relevante periódico de carácter estudiantil que existió en Zipaquirá.  

Archivo Centro de Historia de Zipaquirá

Igualmente circularon en el siglo XIX en Zipaquirá periódicos como, “El Curioso” de 21 de mayo de 1887 con una sola edición; “La Crónica del Colegio Nariño” publicado en 1880, constituyéndose en el primer periódico estudiantil de Zipaquirá; “La Unión” y “El Vigilante” en 1897, la mayoría de ellos de corta duración y editados en la imprenta de don Ángel María Aranza.   

Continuara…..      
  
Ernesto Campos García
Presidente Centro de Historia de zipaquirá  
   


[1] Velandia, Roberto. Periódicos oficiales de Cundinamarca. Pp.19 a 23. Imprenta departamental “Antonio Nariño” 1986.
[2] Revista Municipal – órgano de los intereses de los Distritos”. Nos. 1 al 173. Años 1877 a 1885.
[3] Anales de Zipaquirá – órgano oficial de los intereses del Distrito”. No.1 7 abril de 1881.
[4] El Estudio periódico literario, industrial, noticioso y de variedades y avisos. Num. 1, serie I, 31 mayo de 1894.
[5] El Elector. Serie I. Número 3 de 15 de abril de 1896.
[6] El Zipa, serie I – Número 2, diciembre 2 de 1893.
[7] Corradine Angulo Alberto. Zipaquirá 400 años. PP. 244. Bogotá, D.C. 2007. 

sábado, 28 de noviembre de 2015

JAIME JARAMILLO URIBE - HISTORIADOR COLOMBIANO DEL SIGLO XX

Maestro Jaime Jaramillo Uribe
1917 - 2015
Fotografía tomada de: www.Kienyke.com

JAIME JARAMILLO URIBE
HISTORIADOR COLOMBIANO DEL SIGLO XX.

En el año 1984 la revista Híspanic American Historical Review, publicó una entrevista que le concedió Jaime Jaramillo Uribe, documento que fue traducido por el profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Enrique Hoyos Olier y que fue reproducido en el libro “De la sociología a la historia”, el cual hace parte del proyecto editorial “obras completas de Jaime Jaramillo Uribe”, de la citada entrevista  hemos tomado para este artículo los datos  más relevantes a fin de lograr una breve reseña biográfica del recientemente fallecido Maestro Jaramillo Uribe y que complementaremos con aspectos  relacionados con su aporte a la historiografía colombiana. 

Jaime Jaramillo Uribe, nació en Abejorral, Antioquia en el año de 1917, sus padres fueron Teodoro Jaramillo Arango y Genoveva Uribe Ochoa, su abuelo paterno Lorenzo Jaramillo, fue uno de los patriarcas del departamento de Antioquía, quien forjó una considerable fortuna, la cual perdió durante las guerras civiles de finales del siglo XIX. Jaramillo Uribe quedó huérfano a temprana edad, ya que su padre quien se desempeñó toda la vida en el servicio judicial falleció cuando el historiador contaba con diez años de años, y siete años más tarde sobrevino la muerte de su señora madre.

Los primeros años de formación y vida del intelectual colombiano se desarrollaron entre las dificultades económicas de su familia, el estudio, la lectura voraz y el desempeño de diferentes labores para apoyar con el sostenimiento del hogar. Con ocasión del fallecimiento de doña Genoveva Uribe Ochoa, Jaime Jaramillo se desplazó a la capital de la república en donde ingresó a la escuela normal de varones, ya que como el mismo lo narrara pese haber tenido que suspender por un periodo sus estudios, nunca abandono ese ideal de convertirse en un profesional, más aún cuando su pasión por la lectura en un inicio de los clásicos franceses y posteriormente del socialismo y la histórica del movimiento obrero así se lo demandaban, durante su paso por la escuela normal recibió una importante y transcendental influencia de su rector el doctor José Francisco Socarras, quien siempre vio en el joven un gran porvenir en el área de la ciencias de la educación, tanto así que le dispensó una beca en el citado establecimiento educativo.  

Llegado el año de 1942 obtuvo el título de licenciado en ciencias económicas y sociales, siendo nombrado al terminar sus estudios profesor de sociología en la escuela normal superior, posteriormente inició sus estudios de derecho alcanzando el título de abogado en el año de 1952, en la Universidad Libre de Colombia.  

En 1946, viajó a Francia como becario del gobierno Francés, a fin de adelantar estudios de sociología en la Sorbona y en otros institutos de renombre del país europeo, dicha estadía igualmente la aprovechó para adelantar varios cursos de historia, entrando por aquel entonces en contacto con la escuela de Annales, de la cual recibió una gran influencia para su desempeñó posterior como historiador. A su regreso a Colombia se desempeñó durante un corto tiempo como visitador de una agencia gubernamental dependiente del Congreso, esto es, la revisoría de institutos oficiales de crédito, siendo llamado en el año 1952 a regentar la cátedra de historia de Europa en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional, ente educativo en donde permaneció hasta el año de 1970, dictando cursos de historia de Europa y Colombia.

Durante su vinculación con la Universidad Nacional de Colombia, Jaramillo Uribe, viajó en varias ocasiones a universidades de Europa y Estados Unidos, a desempeñar labores de profesor visitante, experiencias que siempre manifestó tuvo como las más fecundas en materia intelectual y humana, debido a las relaciones y contacto que mantuvo tanto con estudiantes y docentes, entre ellos Rudolf Grossmann, quien se desempeñaba como director de los estudios hispánicos de la universidad de Hamburgo o Adolf Mayer – Abich, filósofo e historiador de la ciencia.

De su paso o estadías por Europa, destacó el Maestro Jaramillo Uribe, su estancia en el archivo general de indias de Sevilla, al cual consideraba el “sanctus sanctorum” de la historia hispanoamericana, el cual manifestó: “le produjo muy variadas y raras impresiones. Saber que sólo estaría allí un semestre donde debería estar varios años me producía vacilación y desánimo. Allí, más que en ningún otro archivo, tuve la impresión de las dificultades de la investigación histórica, de la vastedad del material que tiene que enfrentar el historiador, y de la humildad y del escepticismo con que debe tomar su obra”.



Como todos los sabemos su paso por la Universidad Nacional desde el año 1952 hasta 1970 puede considerarse como el periodo más fecundo e importante en la labor de Jaramillo Uribe en pro de la búsqueda y aplicación de nuevos métodos para la investigación de la historia de Colombia, así como de su profesionalización, ya que fue gracias a su interés que se creó en el año de 1962, el departamento de historia en dicho establecimiento, del cual fue su primer director, así mismo promovió y fundó en el año de 1963 el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, la principal publicación de historia social que ha surgido en nuestro país y en el cual se iniciaron y en sus primeros años publicaron sus investigaciones los más destacados historiadores colombianos, como Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo, Margarita González,  y Alberto Corradine Angulo.  Igualmente durante su paso por la Universidad Nacional Jaramillo Uribe adelantó importantes investigaciones que posteriormente se convirtieron en sus publicaciones más reconocidas como lo son: “El pensamiento colombiano en el siglo XIX en 1964 y Ensayos Sobre Historia Social Colombiana, publicado en 1969 por la dirección de divulgación cultural de la Universidad Nacional”.

El Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, fundando como se mencionó por Jaime Jaramillo en 1963, marcó un hito en las publicaciones sobre temas de historia en Colombia, ya que hasta ese momento y desde principios del siglo XX, la vanguardia en dichos aspectos estaba en cabeza del Boletín de Historia y Antigüedades de la Academia Colombiana de Historia, desde un inicio la publicación se estructuró en tres partes, una sección de artículos, una dedicada a reproducción de documentos de fuentes primarias y la tercera destinada a la sección bibliográfica, según el historiador Mauricio Archila Neira, el título de la revista fundada por Jaramillo Uribe, condensó su propuesta historiográfica, esto es, estudiar la sociedad desde los diversos grupos que la conforman atendiendo a su producción cultural, proyecto que agrega Archila Neira, además reflejaba la trayectoria de su fundador entre la sociología y la historia, pero sin desconocer el derecho, la filosofía y la misma economía[1].

A través del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, su fundador igualmente dio inicio a nuevas propuestas en materia de investigación histórica sobre el periodo de la colonia, tema que ocupaba para aquel entonces un porcentaje mínimo de interés para la historiografía tradicional,  solo a manera de ejemplo, recordemos cómo entre sus primeros artículos figuraron: “Esclavos y señores en la sociedad Colombiana en el siglo XVII”; “La Población Indígena de Colombia en el momento de la conquista y sus transformaciones posteriores” y “Mestizaje y diferenciación social en el Nuevo Reino de Granada en la segunda mitad del siglo XVIII”.



Finalmente no podemos dejar de mencionar el interés que despertó en investigadores, historiadores en formación y la comunidad académica en general, los nuevos métodos que se plasmaban en los artículos publicados en el anuario, ya que hasta ese momento se consideraba insólito por varios sectores de la historiografía la incorporación entre otros de cuadros, estadísticas y líneas comparativas en un artículo de historia.   



Como dato adicional vale la pena mencionar que en el año 2013 con ocasión de la conmemoración de los 50 años del anuario colombiano de historia social y de la cultura, se publicó un suplemento de la revista, la cual  rindió tributo a su fundador en su caratula, estampando allí el rostro del Maestro Jaramillo Uribe, el cual tuvo como fondo diversas imágenes de las etapas del anuario desde su primera entrega. 

Una vez retirado de la Universidad Nacional a comienzos de la década de los años setenta del siglo XX, se vinculó con la Universidad de Los Andes, en un inicio como decano de la facultad de filosofía y letras y posteriormente como profesor de historia económica de Colombia e investigador del centro de estudios para el desarrollo (cede), cargo que desempeñó por varios años.

La labor desarrollada por Jaramillo durante la década de los años sesenta del siglo XX y que conllevó a la profesionalización de la historia y al nacimiento de una escuela historiográfica bautizada como “La Nueva Historia”, se vio en cierta medida reflejada y consolidada en el año 1978 al aparecer el primer tomo del Manual de Historia de Colombia, proyecto patrocinado por el instituto colombiana de cultura – COLCULTURA – y el cual estuvo bajo la dirección de Jaime Jaramillo, labor investigativa que hacía finales de los años ochenta se ampliaría, pero ya bajo la dirección de Álvaro Tirado Mejía y que pasaría a denominarse Nueva Historia de Colombia, publicada por la editorial planeta.



En su prólogo del Manual de Historia de Colombia, escrito que posteriormente fue reproducido en la obra Nueva Historia de Colombia, bajo el título de “La Historia y el Historiador”, Jaramillo Uribe plasmó entre otros el origen del proyecto investigativo, los fines que perseguía y la manera en que fueron seleccionados los historiadores que lo llevarían adelante, pero sobre todo recalcó que dicha obra era hasta el momento única y producto de un gran esfuerzo, realizado por historiadores profesionales, por lo que dedicó gran parte de su escrito como el mismo lo expresó, a formular sus consideraciones sobre la formación, destrezas y virtudes que debe tener el historiador, tal y como  lo entiende la ciencia moderna y como lo exige el lector de una sociedad culta,  convirtiéndose dicho prologo en un magnificó ensayo sobre metodología, teoría y crítica de la historia, por lo que es oportuno en esta fecha recordar algunos de los planteamientos expuestos por el gran historiador recientemente fallecido.

Mencionaba Jaramillo Uribe, al iniciar el prologó del Manual de Historia de Colombia:

“En primer lugar se trató la necesidad y contenido de la obra. Sin desconocer el mérito y servicio que habían prestado a sucesivas generaciones de colombianos los tradicionales manuales de historia, como el benemérito de Henao y Arrubla, o los múltiples estudios monográficos de épocas, acontecimientos y hombres producidos por los miembros de nuestra Academia de Historia y por la academia regional, se llegó a la conclusión de que a nuestra bibliografía histórica le hacía falta una nueva síntesis del pasado nacional que no sólo presentara aspectos de él tratados pasajera o marginalmente por la historiografía tradicional, sino también que abordara dichos temas utilizando los métodos y conceptos que en los últimos años han renovado la investigación histórica”.

A la hora de plantear la formación y destreza del historiador, manifestaba:

“Comencemos con sus conocimientos científicos y técnicos. Dominio del oficio en primer lugar; de lo que Marc Bloch llamaba le métier de l´historien: paleografía, archivística, diplomática, crítica textual; conocimiento de la historia general y de sus grandes clásicos cuando se escribe la historia en el ámbito de la cultura de occidente, como es el caso nuestro. Sin cierto grado de familiaridad con las obras de los grandes maestros alemanes, ingleses, franceses de los siglos XIX y XX, faltaría al novel historiador el conocimiento de la historia universal en que está inserta la nuestra y el modelo formal de la obra histórica y del historiador como científico y como artesano. Una sólida preparación en ciencias impropiamente llamadas auxiliares, porque para el historiador constituyen el instrumento mismo de trabajo y elemento esencial de su capacidad de comprensión y síntesis: economía, sociología, derecho, filología, para situarnos en el terreno del historiador clásico, es decir, del anterior a 1930. Porque en la formación de un historiador contemporáneo entran sin apelación disciplinas como la demografía, la estadística, y si se trata de historiadores de la economía, un cierto grado de formación matemática”.

Más adelante y relacionado con las habilidades del historiador, planteaba:

“Hay sí una forma de imaginación indispensable para el historiador. Es la capacidad de plantearse problemas, de formular hipótesis, de perseguir fuentes y pruebas. Muchas veces hemos comparado la labor con la del detective o la del juez investigador…. Uno y otro trabajan con testimonios, indicios, declaraciones al actor o los actores y los testigos. La ciencia que los penalistas llaman crítica de las pruebas es el equivalente de lo que los historiadores llaman análisis o crítica del documento. Sólo que las sentencias del historiador nunca podrán ser definitivas como las del juez, porque nunca, o casi nunca, podrá tener a su disposición todos los hechos, ni encontrar todas las pruebas cuando se trate de explicar y reconstruir un período, una época o un proceso histórico complejo como una revolución. Por eso sus sentencias estarán siempre sujetas a revisión y nunca podrán tener el efecto de cosa juzgada. De ahí el carácter abierto, provisional y también anti dogmático que tiene el conocimiento histórico”.

Finalmente en lo  que respecta al equipo de historiadores que participaron en el proyecto editorial, señalaba:

“Los colaboradores de este Manual representan la última etapa de la historiografía colombiana y la primera generación de historiadores profesionales. Han asumido la tarea de presentar, en una serie de cuadros, los principales aspectos de la historia nacional, la cultura, la vida social, los grandes hechos políticos y la economía, respondiendo al encargo del Instituto Colombiano de Cultura de elaborar una obra sintética, dirigida a un público no especializado”.



La obra publicada de Jaramillo Uribe, está conformada por varios libros y un sin número de artículos y ensayos en revistas académicas, en orden cronológico los siguientes son sus libros publicados:

Historia de Pereira 1962; El pensamiento colombiano en el siglo XIX en 1964; entre la historia y la filosofía 1968, ensayos sobre historia social colombiana 1969; Historia de la pedagogía como historia de la cultura en 1970; la personalidad histórica de Colombia y otros ensayos 1977; ensayos de historia social II 1989; travesías por la historia 1997; pensar la cultura: los nuevos retos de la historia cultura 2004. A su paso la Universidad de los Andes con el apoyo financiero de Colciencias, la biblioteca Luis Ángel Arango y el instituto colombiano de antropología e historia, publicaron en el año 2002, la obra completa de Jaime Jaramillo Uribe, proyecto editorial en el cual aparte de la obras ya reseñadas, se publicó un texto titulado de la sociología a la historia, el cual comprende un total de treinta artículos y ensayos, divididos en temas de sociología, historia y educación y como apéndice una entrevista que se le realizara al Maestro por una revista internacional especializada en historia en los años ochenta; igualmente se publicó un texto titulado Historia Sociedad y Cultura: ensayos y conferencias.

Sean estas líneas un tributo de admiración al interior de este Centro de Historia, para uno de los principales historiadores y renovadores de la investigación histórica de Colombia en el siglo XX, fallecido el pasado 25 de octubre a la edad de 98 años y quien concibió la importancia de la historia, en el deber que como colombiano tenía de conocer y hacer conocer la historia de su país, en la convicción de que sólo sobre la historia nacional podría hacer investigaciones basadas en las fuentes primarias y en la certidumbre de que la historia es la ciencia de síntesis por excelencia y la que puede brindar un mayor conocimiento de la realidad social[2].

Ernesto Campos García 
Presidente Centro de Historia de Zipaquirá



[1] Archila Neira Mauricio. Jaime Jaramillo Uribe Padre de la Nueva Historia. Revista Credencial Historia No. 115. Julio de 1999.
[2] Jaramillo Uribe Jaime. De la sociología a la historia. Compilación y prólogo de Gonzalo Cataño. P. 250. Bogotá, D.C. Segunda edición agosto de 2002.  

lunes, 12 de octubre de 2015

CENIZAS DEL VIENTO

                              
            Un Trasluz de la Violencia.

El anterior es el título del último libro de poesía publicado por don Segundo Benjamín Corredor Blanco – Vicepresidente del Centro de Historia de Zipaquirá -, la obra consta de treinta y siete poemas, precedidos por un texto denominado “palabras al lector”, a través del cual el autor nos presenta una síntesis de la historia de la violencia en Colombia hasta nuestros días.

Cuenta igualmente la obra con un comentario por parte del poeta José Luis Díaz Granados, quien al respecto manifestó: “Sobre CENIZAS DEL VIENTO, de Segundo Benjamín Corredor, debo comentar que contiene una poesía sencilla y vigorosa en donde expresa profundas acciones del espíritu humano. Son poemas reflexivos, elaborados con sumo cuidado y con una profunda hondura en el corazón del ser colombiano y en la realidad histórica del país, donde una guerra feroz y prolongada azota y tiñe de sangre el mapa nacional durante dos largas centurias….”.

Cenizas del Viento, se convierte en el tercer libro de poesía de Segundo Benjamín Corredor Blanco, quien en 1993 publicó su primer libro titulado “En la Gran Ciudad – Poesía de New York”, a su paso en el 2006 el municipio de Zipaquirá le publicó su segundo libro de poesía denominado “Voz y Silencio”, el cual hizo parte de la colección letra de la sal.

Don Benjamín Corredor, realiza la presentación de su libro "Cenizas del Viento
un Trasluz de la Violencia".


Segundo Benjamín Corredor Blanco, es una de las figuras más destacadas en el ámbito cultural zipaquireño, por su iniciativa se creó a comienzos de los años sesenta el Círculo de Literatos Jóvenes de Zipaquirá. Posteriormente gracias a su interés y perseverancia durante la década del 2000 revivieron en Zipaquirá las tertulias literarias, que en otrora le dieron al municipio un lugar destacado en el contorno cultural departamental y nacional, es así como nace la “Voz y el Signo”, tertulia literaria fundada y dirigida por Benjamín Corredor durante varios años, espacio cultural que se desarrollaba los primeros viernes de cada mes a las 6:30 de la tarde en la Casa de la Cultura “Arturo Wagner”.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

PACTO CIUDADANO POR LA CULTURA 2016 - 2019

Salón principal de la Casa de la Cultura "Arturo Wagner" en donde
el próximo jueves 8 de octubre a las 6:00 de la tarde se desarrollará el
PACTO CIUDADANO POR LA CULTURA CON LOS CUATRO
ASPIRANTES A LA ALCALDÍA DE ZIPAQUIRÁ.
El próximo jueves 8 de octubre, a las seis de la tarde (6:00 p.m.), la CASA DE LA CULTURA “ARTURO WAGNER”, adelantará con los cuatro candidatos a las Alcaldía de Zipaquirá, el PACTO CIUDADANO POR LA CULTURA 2016 – 2019.

Conforme a los lineamientos del Ministerio de Cultura, los pactos ciudadanos por la cultura, son acuerdos escritos construidos de manera participativa a través del debate público y abierto entre el sector cultural y la ciudadanía con los aspirantes a las Alcaldía, sobre las principales acciones y líneas programáticas que en materia cultura deben implementar los futuros mandatarios.

En esta oportunidad se han escogido diez ejes temáticos que condensan los principales aspectos en material cultural frente a los cuales debe haber un compromiso y gestión por parte del próximo mandatario local, entre ellos: los mecanismos de participación ciudadana en el ámbito cultural, escuelas de formación cultural y artística, gestión para la inversión presupuestal en la cultura, apoyo y financiación a los gestores culturales y profesionalización y creación de becas para la cultura.  

Todos: gestores culturales, artistas, literatos, músicos, entidades culturales y ciudadanía en general, están cordialmente invitados para construir este PACTO CIUDADANO POR LA CULTURA 2016 – 2019 con los aspirantes a la Alcaldía de Zipaquirá.


domingo, 27 de septiembre de 2015

LA INDEPENDENCIA EN LA FILATELIA - SEGUNDA PARTE


Estampilla por valor de 10 centavos para servicio
recomendado, emitida en 1910 con ocasión del
centenario de la Independencia. 
Como lo habíamos citado en la primera entrega del presente artículo, en el año 1910 con ocasión del centenario de la Independencia Nacional, el gobierno produjo una serie de diez estampillas conmemorativas, en esta nueva entrada presentamos la imagen correspondiente a las estampillas de cinco centavos y diez centavos, emitidas para servicios especiales, la primera destinada para acuse de recibo y la segunda para servicio recomendado.

Colección particular.

La estampilla de cinco centavos destinada para acuse recibo (A.R.), fue diseñada con la imagen de don José Acevedo  Gómez, conocido en la historia de la emancipación como el “TRIBUNO DEL PUEBLO”, designación que le fue dada entre otros por la famosa arenga que dirigió a los habitantes de Santafé el 20 de julio de 1810, en donde invitaba al pueblo a no declinar en las acciones encaminadas a lograr los propósitos de autonomía y autogobierno. Igualmente se desempeñó Acevedo Gómez como Jefe Político y Militar de Zipaquirá en los años 1814 y 1815.

Colección particular. 

La estampilla de diez centavos emitida para el servicio recomendado (R), fue ilustrada con la imagen de los fusilados en Cartagena el 24 de febrero de 1816 por orden del gobierno español, correspondiendo dichos mártires a  nueve de los dirigentes de la ciudad, señores José María García de Toledo, Antonio José de Ayos, Manuel del Castillo, Pantaleón de Germán Ribón, Santiago Stuart, Manuel de Anguiano, Martín Amador, Miguel Díaz Granados y el santafereño José María Portocarrero[1].


LA EMISIÓN DEL SESQUICENTENARIO
1810 – 1960.

En 1960 nuestro país nuevamente se congregó en torno a la conmemoración de la Independencia Nacional, hecho histórico que para aquel entonces llegaba a su sesquicentenario, al igual que como ocurrió en el año de 1910 diferentes y variadas fueron las actividades y acciones adelantadas para recodar dicha efeméride, una de ellas desde el marco de la filatelia, toda vez que el gobierno nacional  a través del ministerio de comunicaciones, produjo una serie de doce estampillas y una hoja filatélica dedicadas al sesquicentenario de la independencia nacional. 

Los valores asignados a las estampillas fueron, tres de cinco centavos (5 ctv), dos de ellas para correo aéreo y la tercera para correo ordinario; dos de veinte centavos (20 ctv) para correo ordinario; los restantes valores correspondieron a treinta y cinco (35 ctv) y sesenta centavos (60 ctv), un peso (1 p.), un peso con veinte centavos (1.20 p), un peso con treinta centavos (1.35 p.), un peso con cuarenta y cinco centavos (1.45 p.) y un peso con sesenta y cinco centavos (1.65 p.), estas últimas destinada al correo aéreo. 

La hoja filatélica producida con esta serie contiene dos estampillas por valor de cincuenta centavos (50 ctv) y dos por valor de un peso (1 p.), para servicio extra - rápido. 

A continuación presentamos las imágenes correspondientes a la totalidad de la serie de estampillas puestas en circulación en 1960 con ocasión del sesquicentenario de la Independencia Nacional, dentro de las cuales destacamos la estampilla por valor de un peso veinte centavos para correo aéreo que fue ilustrada con la imagen del líder del movimiento comunero, José Antonio Galán, hecho histórico que si bien tuvo una gran trascendencia tanto en el ámbito nacional como internacional, su fin y propósito no corresponde como tal, al que se inicio el 20 de julio de 1810 y culminó en 1819 con la independencia absoluta de la corona española.

Igualmente vale la pena resaltar que en la serie de sesquicentenario, por primera vez se hizo uso de la bandera nacional como símbolo patrio para ser difundido a través de la filatelia, recordemos que desde la primera emisión de estampillas en 1859 y durante muchos años predominó el uso del escudo nacional en sus diseños.

Hoja filatélica
Colección particular.
Colección particular. 


Colección particular. 


Colección particular.

Colección particular. 

Colección particular.

Colección particular.


Colección particular.


Colección particular. 


Colección particular.

Colección particular.

Colección particular.
   
Colección particular.

Fuentes consultadas.

FILATELIA DEL SIGLO XX. Artículo publicado en el tomo II, de la edición especial de la Revista Semana: “El Correo en Colombia”. Bogotá, 2013.

LÓPEZ, DOMÍNGUEZ, Luis Horacio. Los sellos postales y las conmemoraciones de la Independencia. Artículo publicado en la edición No. 251 de la revista Credencial Historia. Noviembre de 2010.   

SOURDIS NÁJERA, ADELAIDA. “La República de Cartagena”. Revista Semana. Bicentenario Cartagena de Indias 1811 – 2011. Cartagena Pregón de la Libertad Tomo I. (2011): 60-61.

TEMPRANO, LEO. Catálogo Histórico Filatélico Colombia –  20ª edición especializada. 1984. Bogotá – Colombia.

TEMPRANO, LEO. Estampillas de Colombia. – Edición No. 32. 1997. Bogotá – Colombia.  




[1] Sourdis Nájera, Adelaida. “La República de Cartagena”. Revista Semana. Bicentenario Cartagena de Indias 1811 – 2011. Cartagena Pregón de la Libertad Tomo I. (2011): 60-61.