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martes, 16 de diciembre de 2025

EL COMERCIO DE LA SAL DE ZIPAQUIRÁ Y LA TRANSFORMACIÓN DEL ALTIPLANO CUNDIBOYACENSE

 

Introducción

La historia de Colombia está profundamente marcada por ciertos productos cuyo valor económico, político y simbólico moldeó territorios enteros. Entre estos, la sal de Zipaquirá se destaca como un mineral que, mucho antes de la llegada de los españoles y hasta bien entrado el periodo republicano, organizó rutas, definió redes de poder y transformó las dinámicas territoriales del Altiplano Cundiboyacense.

Las minas de Zipaquirá —activas desde tiempos muiscas hasta hoy— no fueron solo un centro de extracción. Fueron un nodo económico que integró regiones, movilizó poblaciones y se convirtió en una pieza clave del control territorial desde el periodo prehispánico, pasando por el dominio colonial, hasta la temprana república.

Este artículo explora cómo el comercio de la sal moldeó los caminos y la administración del territorio en tres grandes momentos:

·         La economía muisca.

·         El sistema colonial del estanco y la fiscalización.

·         Las rutas republicanas tempranas y el proyecto nacional.

 

                     Foto: Tomada del libro: "Desarrollo Histórico y Cultural de Cundinamarca". 

Academia de Historia de Cundinamarca (2000). 


La Sal en el Mundo Muisca: Rutas, Poder y Territorio

Mucho antes de la colonización, la sal ocupaba un lugar tan valioso como el oro en la economía muisca. Alexander von Humboldt, tras recorrer la región en el siglo XIX, escribió que los muiscas “tenían por la sal un aprecio semejante al que otros pueblos daban al oro”. Y no exageraba: la sal servía como bien de intercambio, elemento tributario y recurso estratégico.

Zipaquirá estaba ubicada en un punto ideal: un centro desde el cual partían rutas hacia Bacatá, Tunja, Turmequé, Suesca, Chiquinquirá y el valle del Magdalena. Estas rutas no eran simples trochas, sino caminos consolidados durante siglos de comercio.

En la sociedad muisca, controlar la sal equivalía a controlar los caminos, y controlar los caminos significaba ejercer poder político y económico sobre varios cacicazgos. Así, Zipaquirá funcionó como una especie de “capital económica” desde la cual se organizaba buena parte del Altiplano.

 

El Periodo Colonial: Fiscalización y Caminos al Servicio del Estado

Con la llegada de los españoles, el panorama cambió radicalmente. La sal se convirtió en un estanco, es decir, un monopolio estatal para generar rentas directas para la Corona. Esto transformó por completo el uso y la administración de las rutas que comunicaban las salinas con el resto del territorio.

Humboldt advertía que la Corona imponía restricciones fuertes a la extracción, transporte y venta de la sal. De esta forma, los caminos dejaron de responder a las necesidades locales y pasaron a ser instrumentos de vigilancia, renta y control del territorio.

Las reformas borbónicas del siglo XVIII intensificaron esta lógica: rutas hacia Santafé, Honda, Tunja y centros administrativos fueron priorizadas para asegurar la circulación fiscalizada del mineral. El territorio se organizó alrededor de un principio claro: quien controlaba la ruta, controlaba la renta; y quien controlaba la renta, controlaba el territorio.

Los archivos coloniales muestran incluso regulaciones sobre cuántas mulas podía tener cada comerciante. Así, el camino no era un trayecto neutro: era una herramienta política.

 


Horno de elaboración de sal en Zipaquirá 1930. 
Archivo Biblioteca Luis Ángel Arango

Después de la Independencia: La Sal como Motor de Integración Nacional 

Cuando la república nació, heredó una infraestructura precaria y una economía debilitada. Aun así, la sal de Zipaquirá siguió siendo un recurso fundamental para garantizar ingresos y sostener la administración estatal.

En su estudio de 1907, Antonio L. Armenta describe cómo las nuevas autoridades mantuvieron el control estatal sobre las salinas, pero ahora con el objetivo de fortalecer la economía nacional. El problema, sin embargo, era evidente: muchos caminos seguían siendo sendas estrechas y difíciles de transitar.

La joven república necesitaba conectar Bogotá con los centros productivos y articular el territorio. Así comenzaron los intentos de mejorar rutas hacia Nemocón, Facatativá y especialmente hacia Honda, el puerto clave del Magdalena.

La sal, nuevamente, justificó inversiones, presencia estatal y modernización.

 

Las Rutas Republicanas Tempranas: Continuidad y Transformación

Las primeras rutas republicanas no surgieron desde cero; más bien modernizaron y adaptaron antiguos caminos indígenas y coloniales. Informes del Ministerio de Transporte indican que, en el siglo XIX, las mejoras incluyeron puentes, empedrados y rectificaciones de tramos.

Entre las rutas más intervenidas se encuentran:

·         Zipaquirá – Honda, vital para conectar el mineral con el Magdalena.

·         Zipaquirá – Bogotá, fundamental para el abastecimiento de la capital.

Armenta señala que estas mejoras permitieron transportar mayores cantidades de sal, reforzando su papel como producto estratégico en la economía republicana.

El Altiplano Cundiboyacense, por su posición central, siguió siendo un nodo articulador. En estos caminos se consolidó parte de la geografía política y económica de la Colombia del siglo XIX.


Conclusiones

La historia de la sal de Zipaquirá es, en realidad, la historia de cómo un recurso puede moldear territorios, rutas y formas de poder.

Para los muiscas, la sal articuló redes comerciales y jerarquías políticas.

Bajo la colonia, se convirtió en un instrumento de fiscalización y control territorial.

En la república temprana, justificó la modernización de caminos y contribuyó a la construcción del Estado nacional.

Las rutas de la sal muestran que el territorio colombiano no se configuró al azar, sino a partir de procesos económicos y políticos que utilizaron recursos estratégicos para organizar la movilidad, el comercio y el poder.

Comprender estos caminos es comprender cómo se construyó la geografía histórica del país.

 

Sobre el Autor

 

Hugo Alberto Martínez Caro

Estudiante de Historia – Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD)

Centro de Historia de Zipaquirá 

lunes, 26 de mayo de 2025

SANTIAGO PÉREZ EN LAS ESTAMPILLAS DE CORREO NACIONAL

 

1ra y 2da. Emisión Jefes de Estado
Santiago Pérez Manosalba
23 mayo 1830 Zipaquirá (Cund.)
5 agosto 1900 París 

El pasado 23 de mayo, se cumplieron 195 años del natalicio del zipaquireño Santiago Pérez Manosalba, quien alcanzó el solio de Bolívar y lo ejerció entre 1874 y 1876. En diferentes ocasiones desde el Centro de Historia de Zipaquirá hemos rendido homenaje y exaltado la vida y obra de Don Santiago Pérez; en esta oportunidad, recordaremos al Presidente de los Estados Unidos de Colombia, oriundo de Zipaquirá y su presencia en las estampillas del correo nacional.

En 1981 la Administración Postal Nacional (ADPOSTAL), dio inicio a una serie de emisiones destinada a exaltar los Jefes de Estado de la República de Colombia, es así como mediante la Resolución No. 0611 del 5 de marzo de 1981 se dispuso la puesta en circulación de 18.000.000 de estampillas divididas en diez motivos diferentes (Jefes de Estado de Colombia), con valor facial de $ 5.00 pesos para correo nacional. El contrato de impresión estuvo a cargo de Carvajal S.A.. (Adpostal. Boletín Informativo, 1981).

1ra Emisión Jefes de Estado 
9 de junio de 1981.
(Archivo Centro de Historia de Zipaquirá)

Los Jefes de Estado de Colombia, escogidos para hacer parte de esta primera emisión fueron: José María Obando, José Hilario López, Manuel Murillo Toro, Santiago Pérez, Rafael Reyes, Carlos E. Restrepo, José Vicente Concha, Miguel Abadía Méndez, Eduardo Santos y Mariano Ospina Rodríguez. 

Igualmente se dispuso la puesta en circulación de 13.500 sobres de primer día por valor de $ 95.oo el juego de 3 sobres con la serie completa.

Sobre de primer día. 1ra Emisión Jefes de Estado 
9 de junio de 1981 
(Archivo Centro de Historia de Zipaquirá)


Las estampillas de la serie Jefes de Estado, circularon por primera vez el 9 de junio de 1981.

Curiosamente dos meses después, ADPOSTAL, puso en circulación otra emisión correspondiente a la serie Jefes de Estado, utilizando las efigies de los diez mandatarios que habían sido escogidos para la primera serie, pero en esta ocasión el valor facial de las estampillas fue de $ 7.00 y no hubo sobres de primer día de circulación, algo no muy usual o prácticamente inédito en el escenario de las emisiones filatélicas en Colombia.

2da. Emisión por valor de $ 7.00 
11 agosto de 1981
(Archivo Centro de Historia de Zipaquirá)

Es estas dos emisiones de estampillas para el servicio de correo en Colombia, donde aparece la imagen de Don Santiago Pérez Manosalba. El diseño de la estampilla hizo uso del retrato oficial como Presidente de la República de Santiago Pérez, el cual hace parte de la colección del Museo Nacional de Colombia.


domingo, 18 de mayo de 2025

ZIPAQUIRÁ VISTA POR MANUEL ANCIZAR A MEDIADOS DEL SIGLO XIX

 

Don Manuel Ancizar
1811 - 1882 

Manuel Ancizar, reconocido intelectual colombiano del siglo XIX, hizo parte de la Comisión Corográfica – empresa cultural que se encargó, entre otros, de levantar el mapa general de la República y sus provincias -, por lo que en enero de 1850 como secretario de Agustín Codazzi, inicia un recorrido por las provincias del norte de la República de la Nueva Granada – como se denominaba nuestro país en aquel entonces -. Producto de dicho viaje, publicará hacia 1853 una obra denominada “Peregrinación de Alpha”, donde plasma de manera detallada las costumbres, aspectos sociales, datos históricos, económicos, físicos, en general un estudio etnográfico de las provincias recorridas a mediados del siglo XIX.

En la parte inicial de su obra Ancizar se referirá a Zipaquirá, relato que compartimos a continuación: 

PEREGRINACIÓN DE ALPHA

“La entrada de Zipaquirá es bella y pintoresca por un trecho de camino recto sombreado de sauces y mejorado con buenos puentes sobre las quebradas y el riachuelo, obra debida a la pertinacia y actividad del corregidor español don Josef de Ancízar, vizcaíno de sanas intenciones, si bien un tanto militar en su modo de administrar el antiguo corregimiento. La importancia de Zipaquirá depende de sus ricas minas de sal gema y carbón y de la gran fábrica de elaboración del primer artículo perteneciente al gobierno, copiosa fuente de ingresos para el tesoro nacional. Con todo, al recorrer las calles de la ciudad, al notar sus edificios anticuados y la muchedumbre de mujeres harapientas que concurren a las cercanías de la fabrica de sal a raspar los tiestos desechados, y recoger pacientemente las partículas de sal arrojadas con las basuras, no puede menos de preguntarse: “¿Zipaquirá es lo que debiera ser, vistas su aventajada posición y la riqueza no común de sus terrenos cultivables?”. De ninguna manera. Semejante a una precisa joya descuidada y empolvada, la ciudad querida de los zipas, solo necesita que sus vecinos la sepan apreciar y cuidar como ella merece, para convertirse en el lugar más lindo y alegre de la planicie. Fuertemente impregnados de sal los terrenos vecinos, guardan en su seno una fertilidad inagotable, hasta ahora desaprovechada. Todo la revela: el verdor y la lozanía de los campos, el fresco follaje de los árboles, el lujo de los arbustos y aun el tamaño extraordinario y vivísimo colorido de las flores innumerables que en vano ostentan su nativa magnificencia, pues no encuentran una mano agradecida que las reduzca al cuidado de un jardín; ingratitud tanto más notable, cuanto el amable, ingenuo carácter de las damas zipaquireñas y su vivir recogido parecen destinarlas a mantener íntimas relaciones con las representantes de la belleza en el mundo físico, las flores, santuario brillante y delicado en que la naturaleza ha colocado sus callados misterios de amor, como un reflejo de los ricos tesoros de afecto y modestia guardados en el alma de la mujer. Sin embargo, las flores permanecen desdeñadas por sus legítimas tutoras, así como los campos vecinos esperan todavía el genio diligente que haga valer su fecundidad.

Zipaquirá en 1858
Ilustración de la Comisión Corográfica

Pero ¿qué mucho que así vayan las cosas en orden a lo material, cuando en lo intelectual tiene que lamentar el patriota la ausencia de una simple escuela primaria? Fincan su empeño los zipaquireños en añadir lentamente piedra a piedra en la fábrica de una iglesia colosal, esponja que embebe inútilmente dineros que empleados en fundar escuelas y mejorar caminos, mantendrían hoy próspera y floreciente la ciudad, en vez de hallarse reducida a la condición de un apéndice inerte de la salina y un humilde contraste de la interminable iglesia. ¡Genio español, cuán adverso eres al verdadero y sólido progreso social¡

Perdónenme los zipaquireños el sermón. En aquella ciudad pasé mi infancia: allí tengo recuerdos queridos e imperecederos, y no puedo mirar con indiferencia la situación decaída y el inmerecido abandono del antiguo Edén de los chibchas”.  Ancizar, Manuel (1970). Peregrinación de Alpha. Bogotá. Biblioteca Banco Popular – volumen 7. (pág. 26 – 28).  

Gente de Zipaquirá 1845
Tomada de: Acuarelas de Mark
Colombia 1843 - 1856